La Unica Verdad

Hace un poco más de un año confirmé la innegable existencia de la poesía en mi vida. Estuvo siempre ahí, latente, chorreando de mis dedos desde que tengo memoria, en las infinitas novelas inconclusas que escribía en hojas nº 3 sentada en la mesa de la cocina, en mi casa de Bariloche. Acumulaba las hojas rivadavia soñando con exitosas publicaciones, aún desconociendo mi propio lenguaje, mis sueños, mis ambiciones y mis capacidades. Para mí era simplemente ser. A los 8 años, iba al colegio, jugaba en el bosque con mis hermanos y escribía. Era tan natural y rutinario como las meriendas de todas las tardes con tostadas con dulce de mosqueta, mate cocido, y los vecinos de la montaña y mis perros, la nieve en invierno, y las retamas en verano.
Hoy recuerdo esos días tan extraños y entiendo a la poesía como el mismo aire puro que respiraba entre los árboles. Tan inconciente de mi respiración. Tan inconciente de las palabras.
Con 22 años comprendí finalmente esa equivalencia: Moriría si algún día dejara de escribir.

Agradezco la llegada de un libro a mi vida que me abrió los ojos a una de las certezas más hermosas con las que me pude encontrar hasta ahora. En pleno descubrimiento de la inmensidad a mí alrededor, y de la libertad en mis manos, reconocí la naturaleza de mi propio lenguaje, que venía a mí desde esos años en el sur, de todos mis diarios íntimos y de la historia de unos niños que cambiaron mi camino.
Transportándome entre décadas de arte y viajando entre cuadernos de notas, sus palabras me guiaron a mí misma, y así, hasta acá. “Poesía” digo sin dudar de su significado. Sin subestimar mi voz. Y el aullido se convierte en verso, en párrafo, en prosa, en vida.
La dificultad de poner en palabras sentimientos intensos es en realidad un desafío constante más que una frustración. Belleza en cada intento, y la voz que aumenta en fuerza, como si los pulmones se llenaran de oxígeno, y ganáramos una batalla más contra el silencio. El único vacío es aquel lugar donde no hay poesía.
En este sueño eterno hay una calidez invisible, que se puede oír y leer. Donde lo único absoluto es la sobrenatural extra brillante inteligente bondad del alma. Ni ficción ni realidad, ni distinción de ningún tipo, y aún así, la única verdad. Vida en la vida, vida en la muerte, la poesía es vida.
No seré la misma que fui antes de entender esta revelación. No seré la misma que fui antes de cada palabra escrita, ni antes de cada lágrima derramada de inspiración. No seré la misma que fui antes de enamorarme de ese poeta, ni antes de conocer el incontenible poder del arte sobre el hombre.
Camino tambaleándome en la ceguera, con voces susurrándome poemas en los oídos, que la mayoría de las veces no alcanzo a escribir. Pero todos los días de mi vida me levanto habiendo soñado poesía, y al salir de mi casa siento cada estación en mi piel. Otoño. 21 de Marzo, día mundial de la poesía. Patti Lee. Gracias.

2 Ponycomentarios:

v dijo...

que lindo todo lo que escribis. Acabo de terminar de leer el libro de patti y no se si me encuentro en el lugar de poder expresar lo que senti con esa lectura.
gracias a vos por la recomendación de un libro que me queda en la mente de por vida!

Sophie Barloc dijo...

que hermoso <3 es un libro tan genial, no hace falta decir nada, solo tenelo presente siempre =)

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