Surrealismo II

Triskel de colores primarios, vuela bajo la mesa que nunca te volveré a ver.
Una luz en el agua me dice cuantos años se fueron en el día de ayer.

Basta con un beso para esquivar las palabras que confunden.
Y es esta habitación el tiempo que elimina nuestras costumbres.

Sentada en el regazo de la montaña pensando en la nada,
Baja un río punteado celeste cielo y abraza tu mirada.

Luego bailamos de manera desquiciada en un mundo de pavadas.
Pero siempre volvemos a los mismos cuentos de hadas.

Es hoy que lloro su ausencia y me quedo tomándolo en serio.
Solo espero que su expresión macabra gane ese premio.

Explosión de oscuridad colgada en la pared.
Me habla de canciones que solo miles de generaciones supieron ver.

Pinceladas marcadas en óleos tridimensionales buscan escapar de su propia luz.
Pero toda esta oleada de artistas las secuestran con el poder de su juventud.

Basta una palabra pero no quiero olvidarte.
Buscamos en los árboles el recuerdo que ayer no se esfumó.
Y nunca vi así de lejos la complicidad de tu arte.
Pero cuando estamos juntos las nubes afirman que nada cambió.

Transversales al cielo y cómodamente en el verde durmiendo.
Almorzamos viendo pasar el tiempo, cuando y donde vivimos siempre juntos.
Y cuando todo parece pasar estamos extrañamente mintiendo.
De pisos de distancia al suelo pero nunca en el mismo punto.

Volví nada cambiada de un viaje de 15 días dentro de un remolino de hielo.
Porque la relatividad bajo la luz negra de una foto ahuyenta y no siempre.
Volvamos una vez en línea recta a descubrir el fondo del cielo.
Con la sonrisa de costado pegada en tu boca escondiéndose con un beso en mi vientre.
Te amo.
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