Talismán

Me enteré de casualidad de esta historia varios años después de encontrar el talismán en el bosque. Me acuerdo que sentí algo muy especial cuando lo pisé sin querer y casi me lastima el pie. Estaba de vacaciones en Gesell como todos los años, paseando por el bosque que tanto me recuerda a mis primos, que ahora los tengo muy lejos, y los extraño demasiado... Estaba sola, disfrutando de algunos recuerdos que volaban por mi cabeza, y cuando lo vi, lo levanté sin pensar siquiera en qué había encontrado. Lo guardé como un tesoro, hasta que me dí cuenta por qué. Por qué me generó esa sensación tan hermosa al verlo por primera vez, por qué intuí atesorarlo con tanto cuidado, por qué debía protegerlo. Varios años después de ese verano, encontré en un libro viejo, una leyenda. La leí porque me llamó la atención las ilustraciones que decoraban las páginas antiguas y amarillentas del libro. Unos diseños de espirales tan hermosos como lo que sentí aquella vez en el bosque. [La leyenda hablaba de un pueblo antiguo llamado Chana-Timbú, donde vivía un joven hechicero, junto a su familia, a orillas del Río Paraná. Weúpife, el hechicero, viajó solo en búsqueda de sabiduría y experiencias. Llevaba con él, a todos lados que iba, un baúl de madera oscura, pero nunca dejaba que nadie viera qué llevaba adentro. En una colonia indígena, en la zona donde hoy se encuentra Villa Gesell, conoció a Amawtaña, una mujer unos 10 años mayor que él, con la cual vivió grandes momentos y se hicieron buenos amigos. Vivieron muchas aventuras juntos, pero un día Weúpife tuvo que partir, y seguir su camino. En el día de su despedida Weúpife pasó toda la mañana tallando una daga para obsequiar a su amiga. Aprovechó que era temprano, y todos dormían, para abrir su baúl sin que nadie lo notara. Sacó de ahí adentro una pequeña caja de metal. Era realmente pequeña, cabía en la palma de su mano. Cuando la abrió, iluminó el ambiente con una luz extremadamente intensa que salió de esa pequeña cajita. Weúpife, en alguna de sus tantas aventuras, se había guardado para alguna ocasión especial, un poco de luz de luna. Acercó la cajita a un perla que también sacó de su baúl, y vertió en ella la luz de luna que le quedaba. Luego unió la perla a la daga con un poco de alambre y plasmó en el metal, todas las enseñanzas que había encontrado durante sus viajes. Esa misma tarde, cuando se despidió de Amawtaña, le obsequió la daga, diciéndole que junto a ella, le entregaba toda la sabiduría que había recolectado durante los últimos años. En ese momento Amawtaña colgó del cuello de Weúpife, un colgante fabricado con marfil y metales, en símbolo de afecto. Le explicó que ese collar tenía grandes poderes. Pero nunca le dijo cuáles. Weúpife y Amawtaña se despidieron, y ella le prometió a él que algún día lo buscaría. Le dijo que cuando llegara el día de su encuentro, intercambiarían sus collares, que ella le regalaría a él toda su sabiduría, y él debería entregarle a ella, el poder del talismán de marfil.

Pasaron años. Los lugareños del pueblo comenzaron a usar la palabra "Amawtaña" para referirse a la sabiduría. Y ella se convirtió en maestra de muchos viajantes que pasaban por allí.

Con los años, Weúpife fue notando que su talismán tenía la capacidad de transformar las energías negativas en positivas, y de alejar los miedos, y atraer la valentía. Mantuvo el collar en su cuello hasta los últimos años de su vida, cuando decidió volver a buscar a Amawtaña para agradecerle ese obsequio tan valioso, y volver a verla al menos una vez más, pero Amawtaña ya estaba cumpliendo su promesa. Cuando él llego al pueblo donde se despidió de su amiga años atrás, ella estaba tras sus huellas, decidida a entregarle la daga de la sabiduría. Nunca volvieron a verse.]

Al leerla me produjo una extraña sensacion de emoción y tristeza. Tenía en mis manos el talismán de marfil, incluso había generado en mí esa sensación de energía positiva que describe la historia. Me pregunté donde estaría la daga de la sabiduría.
Soñé varios años que la encontraba en algún lugar de la Argentina. Debería encontrar justo el sitio donde Amawtaña buscó por última vez a Weúpife.
El año pasado fui con mi novio a Villa Gesell y lo llevé a que conociera el bosque donde encontré el talismán. El bosque donde jugaba cuando era chica con mis primos a que éramos indios protectores de un tesoro, cantábamos una canción, y alabábamos un manto sagrado. El bosque donde escondimos aquella piedra volcánica que nunca recuperamos.
Ahí encontré la daga. Hace 3 meses cuelga de mi cuello. Cada vez que la miro pienso si Amawtaña y Weúpife en realidad volvieron a verse, o si simplemente se cruzaron en el mismo lugar, en distinto tiempo.
Hice algunas averiguaciones sobre esta leyenda. Y no dejan de aparecer cosas que continúan ampliando mi fascinación por ella. El nombre Amawtaña en un idioma indígena significa "sabiduría" y es el equivalente a Sofía, en griego. Weúpife significa "el elocuente", y es el equivalente a Facundo.

Ahora yo tengo la daga de la sabiduría, y vos el talismán de marfil.
Pronto intercambiaremos nuestros tesoros, para darle a la leyenda, otro final.


1 Ponycomentarios:

variaciones sobre una sonrisa dijo...
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